Biografía de Ana Frank

Frank, en 1940. Crédito: Wikipedia. Fundación Ana Frank Foto de Colegio de Ana Frank, en 1940. Crédito: Wikipedia. Fundación Ana Frank

Ana Frank fue una jovencita que sólo alcanzó a escribir un breve “Diario”, que ha sido publicado en 70 idiomas.

Es un botón de muestra de lo que pudo habernos transmitido esta joven, si la barbarie totalitaria no hubiera segado cruelmente su vida cuando todavía era una niña.

Infancia y familia de Ana Frank

Ana Frank nació en Alemania el 12 de junio de 1929.

Fue la segunda de las dos hijas que tuvieron Otto Frank y Edith Hollander, un matrimonio de judíos alemanes que vivían en Frankfurt del Meno, Hesse, Alemania.

Otto Frank, nacido en el año 1889, había combatido como Teniente de Infantería durante la Primera Guerra Mundial.

A partir de 1933, el odio a los judíos había llegado a niveles espantosos en Alemania.

Otto y Edith Frank decidieron  escapar de la persecución nazi, huyendo con su familia a Holanda en 1934.

Allí, en la ciudad de Amsterdam, el matrimonio Frank con sus dos hijas: Margot (nacida el 16 de febrero de 1926) y Ana, vivieron relativamente tranquilos.

Durante 6 años habitaron en un bloque de apartamentos de la Merwedeplein.

Edificio en donde vivió la familia Frank entre 1938 y 1942. Crédito: web cienciahistorica.com
Edificio en donde vivió la familia Frank entre 1938 y 1942. Crédito: web cienciahistorica.com

Su vida durante la invasión de las tropas nazis

Desgraciadamente, el 10 de mayo de 1940, las tropas de asalto y los paracaidistas alemanes invadieron Holanda.

Cinco días más tarde, la heroica pero inútil resistencia del ejército holandés se derrumbó totalmente.

Y después del bombardeo de Rotterdam y de la amenaza nazi de hacer lo mismo con Amsterdam y Utrecht, el gobierno de la Reina Guillermina no tuvo más remedio que rendirse.

Al comienzo de la ocupación, los holandeses estuvieron resignados y tranquilos; pero, con la llegada de las SS y de la Gestapo en 1942, se dio comienzo a una feroz persecución de los judíos.

La deportación de miles de judíos, llevó a una huelga general de ferrocarriles y a fuertes disturbios en las calles.

Muchos ciudadanos holandeses dieron su vida para salvaguardar la de la población judía; y los escondieron en áticos y bodegas.

Holanda fue el único país que protestó de forma organizada y reiterada contra la deportación de judíos.

Sin embargo, las marchas pacíficas y no tan pacíficas no pudieron impedir la muerte de más de 100.000 judíos que vivían en Holanda.

De los 110.000 judíos que vivían en ese país, sólo sobrevivieron 5.000 después de la guerra.

Inicio del libro de la vida de Ana Frank

En junio de ese año 1942, Ana cumplió 13 años y sus padres le regalaron un pequeño cuaderno que ella le había señalado a su padre en una vitrina, unos días antes.

Era un libro de autógrafos, empastado en tela, a cuadros rojo y negro, con una pequeña cerradura en el frente.

Ana ya había decidido que lo utilizaría como diario de su vida. Empezó su diario expresando la intención de no permitir que otros lo leyeran.

En él, describe con sencillez su vida, su familia, sus compañeros y su situación.

Foto de colegio, en 1940. Crédito: Wikimedia. Fundacion Ana Frank
Foto de colegio, en 1940. Crédito: Wikimedia. Fundacion Ana Frank

Ana Frank escribía en su diario como si estuviera enviando cartas a una amiga, a la que decidió llamar “Kitty” en alusión a una de sus compañeras de colegio.

Le contaba lo que sucedía en clase, impresiones acerca de chicos con los que simpatizaba y los lugares que le gustaba visitar en su vecindario.

Otto, Ana, Margot y Edith Frank. Crédito: web cienciahistorica.com
Otto, Ana, Margot y Edith Frank. Crédito: web cienciahistorica.com

En estos primeros escritos en su diario, describe la vida típica de una colegiala, pero ya aparecen referencias a los cambios que se van apercibiendo en el barrio con el aumento de la opresión de los invasores.

Especialmente escribió acerca de las estrellas que todos los judíos estaban obligados a llevar en público.

Enumeró algunas de las restricciones impuestas en la vida cotidiana a la población judía de Amsterdam.

Foto que estaba en el album familiar. Crédito: web anafrank.educar.ar
Foto que estaba en el album familiar. Crédito: web anafrank.educar.ar

Amenaza de ser capturados por los nazis

En el mes de junio de 1942, la familia Frank se fue encontrando en una situación cada día más dramática.

Era inminente la amenaza de ser apresados y enviados a campos de concentración.

Otto Frank trabajaba en una empresa llamada Opekta, con oficinas en un viejo edificio.

Este tipo de construcciones era típico de los barrios del oeste de Amsterdam,
Opekta se hallaba en la calle Prinsengracht, al borde de uno de los canales de la ciudad.

En la parte posterior de ese edificio y separado por un patio interior había otro de 3 pisos.

Desde una pequeña habitación del tercer piso se subía hacia un pequeño ático. La puerta que daba a la subida estaba oculta detrás de una estantería.

Con mucha anticipación, Otto Frank había preparado con sus empleados de mayor confianza, un escondite en este ático.

Tenía la esperanza de poder refugiarse ahí en caso de grave peligro.

Los únicos empleados que conocían la existencia del escondite, eran cuatro: dos hombres (Víctor Kugler, Johannes Kleiman) y dos mujeres (Miep Gies  y Elisabeth  Voskuijl). Todos ellos de total confianza para Otto Frank.

Toda la familia se refugió en un estrecho escondite

El 5 de julio de 1942, Margot Frank, la hermana mayor de Ana, recibió la orden de presentarse ante la autoridad.

Todos sabían que eso significaba la deportación inmediata a un campo de trabajo.

Entrada al escondite. La puerta estaba oculta detrás de una biblioteca. Crédito: Wikimedia. Fedaro.
Entrada al escondite. La puerta estaba oculta detrás de una biblioteca. Crédito: Wikimedia. Fedaro.

Ya no quedaba ninguna esperanza de salvación; el 9 de julio de 1942, la familia se mudó al escondite preparado en la calle Prinsengracht.

La madre de Ana y Margot hicieron que su vivienda quedara en desorden, para hacer pensar que había sido abandonada precipitadamente.

Otto Frank dejó una nota de la que se podía deducir que habían decidido escapar a Suiza, pocos días antes.

El trayecto desde su departamento hasta el edificio en donde estaba el escondite, tuvieron que hacerlo discretamente.

Fueron a pie, sin ningún equipaje a fin de no llamar  la atención; y llevando cada cual puestas la mayor cantidad posible de  vestimentas.

El esposo de Miep Gies y el padre de Elisabeth Voskuijl, fueron las dos personas que ayudaron a los Franks.

Gracias a ellos, lograron sobrevivir durante esos largos 25 meses de confinamiento.

Ellos eran el único contacto de la familia. Los mantenían informados de las noticias de la guerra y los abastecían de comida.

Todo esto resultaba cada vez más difícil y arriesgado. Jan y el padre de Elisabeth eran conscientes de que lo que hacían acarreaba pena de muerte. Su generosidad fue heroica.

La difícil vida de la familia y de los otros refugiados

A finales de julio de 1942, se agregaron en el escondite tres  personas conocidas. 

También huían de la barbarie antisemita. Se trataba de Hermann y Augusta Van Pels, con su hijo Peter, de 16 años.

En el mes de noviembre, también Fritz Pfeffer, dentista y amigo de la familia, acudió a refugiarse en ese desván.

Estas fueron las 8 personas que se vieron confinadas durante dos años en este estrecho escondrijo.

Para todos ellos esa vida era muy dura. Pero la alternativa de caer prisioneros, ser fusilados en plena calle o ser deportados a campos de concentración, no dejaba otra opción.

La norma estricta del régimen nazi dictaba que no había compasión con los judíos.

Ana escribió sobre lo agradable que era tener otras personas con quienes hablar.

Pero muy pronto aparecieron las tensiones ocasionadas por el hecho de convivir confinados en un lugar tan estrecho.

Ana Frank terminó por considerar insoportable al dentista. También se peleó con Augusta Van Pels, a la que creía estar fuera de sus cabales.

La relación de Ana con su madre se hizo difícil. Algunas veces discutió con su hermana Margot, pero escribió que se había desarrollado un lazo afectivo especial entre ellas.

Con quien se sentía más cercana era con su padre.

Tiempo más tarde, también comenzó a apreciar la gentileza del joven Peter Van Pels. Como es natural, ambos experimentaron sentimientos románticos.

Hoja del Diario de Ana Frank, del 28 de septiembre de 1942. Crédito: Wikimedia
Hoja del Diario de Ana Frank, del 28 de septiembre de 1942. Crédito: Wikimedia

Ana Frank comenzó a escribir todo en su «diario»

En el verano de 1943, Ana Frank escuchó una transmisión de radio en la que se mencionaba la publicación de cartas y diarios enviados a la emisora.

Pensando en una posible publicación, empezó a corregir su escritura, a eliminar secciones y a reescribir otras.

Sobre todo, empezó a inventar seudónimos para los miembros del grupo.

A su cuaderno original, le agregó varios cuadernos adicionales y un montón de hojas sueltas.

Ana Frank pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo y estudiando. Además continuaba escribiendo en su diario.

Narraba los eventos transcurridos y  escribía sobre sus sentimientos, creencias y ambiciones. Pero, no hablaba con los demás, de esos temas personales.

Durante aquellos años, Ana fue describiendo en su Diario el miedo a vivir escondida día y noche durante tanto tiempo.

Expresaba por escrito sus nacientes sentimientos por Peter, los conflictos con sus padres, y su vocación de escritora.

Cerca de su escondite vivía la futura gran actriz Audrey Hepburn. Posteriormente, Audrey se manifestó absolutamente solidaria con los niños judíos perseguidos.

A medida que Ana Frank crecía y maduraba, se sentía más segura. Empezó a escribir sobre temas más abstractos, como sus creencias en Dios, o sobre cómo definía ella la naturaleza humana.

Escribió regularmente hasta su anotación final, el 1º de agosto de 1944.

Ana Frank y todos los demás fueron  arrestados

El 4 de agosto de 1944, después de casi dos años de vivir escondidos en lo que Ana denomina en su Diario como “el anexo secreto”, todos ellos fueron descubiertos y arrestados por la “Policía Verde Holandesa”.

Este asalto al lugar, se produjo durante un registro de todo el edificio, en busca de trabajadores clandestinos.

Los ocho refugiados fueron enviados a un campo de concentración en el noreste de Holanda, a Westerbork.

Por este campo, ya habían pasado más de 100.000 judíos.

El 2 de septiembre de 1944, fueron trasladados hasta el campo de concentración de Auschwitz.

Este último viaje duró tres días de maltratos, hambre y sed. De los 1.019 judíos recién llegados, 549 niños menores de 15 años fueron enviados directamente a las cámaras de gas.

Ana Frank se libró de ser asesinada de esta manera, porque tres meses antes había cumplido 15 años.

Junto con las otras mujeres no seleccionadas para la muerte inmediata, Ana y sus compañeras de infortunio fueron obligadas a permanecer desnudas mientras las desinfectaban.

Después de raparle la cabeza, le tatuaron un número de identificación en el brazo.

Durante el día las mujeres eran obligadas a realizar trabajos forzados. Por la noche las hacinaban en barracones.

En estas increíbles circunstancias las enfermedades se propagaban velozmente; en menos de un mes, Ana Frank terminó con la piel cubierta de costras.

El 28 de octubre de 1944, comenzó la selección de 8.000 mujeres que serían reubicadas en otro campo de trabajo.

Ana Frank, Margot Frank y Augusta Van Pels fueron trasladadas a Bergen-Belsen.

Edith Frank quedó presa en Auschwitz.

Ana Frank murió en el campo de concentración

Dos amigas de Ana pudieron sobrevivir hasta que fueron liberadas por las tropas aliadas.

Contaron que Ana Frank, calva, demacrada, enferma y temblorosa, les dijo que estaba muy preocupada por Margot, cuyo estado de salud parecía más grave.

En marzo de 1945, una epidemia de tifus se propagó por todo el campo, y terminó con la vida de 17.000 prisioneros.

Los testigos contaron más tarde que Margot, debilitada como estaba, se cayó de su litera y murió a consecuencia del golpe. pocos días después, Ana también murió.

El campo de Bergen-Belsen fue liberado por tropas británicas, el 15 de abril de 1945.

De los ocho refugiados en el ático oculto, sólo sobrevivió Otto Frank, el padre de Ana. La madre de Ana, Edith Hollander, murió el 6 de enero de 1945, en Birkenau.

Johannes Kleiman y Victor Kugler, socios comerciales de Otto Frank y que le ayudaron a esconder a su familia, fueron arrestados y sentenciados a realizar trabajos en Alemania. Ambos sobrevivieron a la guerra.

Otto Frank pudo regresar a Ámsterdam. Allí consiguió la información del fallecimiento de su esposa y del traslado de sus hijas a Bergen-Belsen.

En julio de 1945, Cruz Roja le confirmó las muertes de Ana y Margot.

El «Diario» de Ana Frank fue rescatado por un vecino

Cuando Miep Gies se enteró de la muerte de Ana, le entregó a Otto Frank el “Diario”. Ella lo había recogido y escondido, con la esperanza de poder devolvérselo personalmente a Ana Frank.

Cuando Otto leyó lo que había escrito su hija, le dijo a Jan y a Miep Gies que no se había dado cuenta de que Ana había mantenido un registro tan exacto y bien escrito de los meses que habían compartido cautiverio.

Muchos años después, cuando le preguntaron por su primera reacción respondió sencillamente: “Nunca supe que mi pequeña Ana era tan profunda”.

Con el fin de cumplir el deseo expresado por Ana en el Diario, de que quería ser escritora, Otto Frank decidió intentar publicarlo.

Utilizó la versión original del Diario, pero retirando algunos pasajes; sobre todo aquellos en los que se refería a su esposa en términos poco halagadores.

También suprimió secciones en las que hablaba de detalles íntimos de su floreciente sexualidad. Restituyó las verdaderas identidades de su familia, pero retuvo los seudónimos de las otras personas.

El padre de Ana Frank se empeñó en publicar el Diario

Otto Frank llevó el diario a la historiadora Anne Romein, quien intentó publicarlo, sin éxito.

Entonces su esposo Jan Romein, escribió un artículo sobre el libro, con el título de “La voz de una niña”.

El artículo apareció en el periódico Het Parool (“La contraseña”), el 3 de abril de 1946.

En ese artículo decía que “el diario, con la tranquila voz de una niña, muestra los odios del fascismo, mejor que todas las evidencias de los juicios de Nuremberg”.​

Este artículo atrajo la atención de los editores; en 1947, el «Diario» de Ana Frank fue publicado en los Países Bajos con el título Het Achterhuis (“La casa de atrás”).

En abril de 1955, la Editorial Garbo, de Barcelona publicó la primera edición en español con el título “Las habitaciones de atrás”. (Traducción de María Isabel Iglesias).

El Diario de Ana Frank fue creciendo en popularidad. 

Con el pasar de los años, ha sido traducido a  varios idiomas y hoy es lectura obligatoria en bachillerato de muchos países y en varios Estados de Norteamérica.

En la introducción a la primera edición del «Diario de Ana Frank» en los Estados Unidos, Eleanor Roosevelt lo describió como “uno de los comentarios más sabios y conmovedores que he leído sobre la guerra y su impacto en los seres humanos”.

Estatua de Ana Frank, en Amsterdam. Crédito: Wikipedia
Estatua de Ana Frank, en Amsterdam. Crédito: Wikipedia

Méritos literarios del Diario de Ana Frank

El Diario de Ana Frank ha sido también alabado por su mérito literario. Numerosos elogios de personas entendidas, son como los siguientes:

  • “Mantiene la tensión de una novela bien construida”.​
  • “Es una representación única del proceso misterioso y fundamental de un niño que se convierte en adulto”.
  • “Tiene un estilo preciso, confiado y económico, pasmoso en su franqueza”.
  • “Su escrito es un estudio de personajes; examina a cada persona de su círculo con un ojo astuto, inflexible”.
  • “De vez en cuando es cruel, sobre todo cuando escribe de su propia madre y del dentista Fritz Pfeffer”.
  • “A través de su Diario, canalizó los cambios de humor normales en la adolescencia”.
  • “El examen de sí misma y de lo que la rodeaba se mantiene durante un largo período. Lo hace de modo introspectivo, analítico, altamente autocrítico. Relata la batalla entre la «Ana buena» que desea ser, y la «Ana mala» que cree ser”.

    Lápida de Ana y Margot Frank en Bergen-Belsen. Crédito: Pixabay
    Lápida de Ana y Margot Frank en Bergen-Belsen. Crédito: Pixabay
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