En el periódico “El País”, del 27 de agosto de 2019, Laura Moreno Iraola publicó una interesante reseña acerca de una notable matemática española.
Se trata de María Wonenburger, natural de La Coruña, nacida en el año 1927.
La extraordinaria importancia de esta inteligente y valiente mujer, la conocemos ahora en España, en gran parte, gracias a las investigaciones realizadas por María José Souto Salorio y Ana Dorotea Tarrío Tobar, catedráticas de la Universidad de A Coruña.
María Wonenburger se trasladó a Madrid en 1945, con el fin de estudiar Matemáticas en la Universidad Central.
En el año 1957, ganó una beca Fullbright para realizar su doctorado en Álgebra en la Universidad de Yale en 1957.
Cuando terminó su doctorado regresó a España para buscar trabajo. Inexplicablemente, no se le reconoció el diploma de Yale.
Incansable e irreductible, María Wonenburger cursó otro doctorado, becada por el “Instituto Matemático Jorge Juan” del CSIC. Tampoco le fue validado este segundo doctorado, por causas administrativas.
Ya desanimada, decidió ir primero a Canadá y después a USA, donde trabajó hasta los 56 años, cuando se vio obligada a regresar a España a causa de la enfermedad de su madre, en 1986.
En la universidad de Toronto fue la única mujer profesora de Matemáticas. Allí pudo contribuir en importantes avances  en nuevos tipos de Álgebra y en teorías matemáticas.
Pese a su relevancia internacional, en España casi nadie la conocía. “Hubo gente que nos comentó más tarde que incluso había utilizado sus trabajos, pero no sabían que era española”, indican Souto y Tarrío.
Recién, a partir del año 2006, las autoridades académicas españolas empezaron a reconocer la enorme valía de esta compatriota.
Algo parecido a lo de María Wonenburger, lo padeció Cecilia Payne.  Siendo ella estudiante en un colegio de la Universidad de Cambridge, en 1918, las mujeres NO contaban para nada ni en ciencias ni en política.
Aunque completó brillantemente sus estudios, no recibió el grado que le correspondía, debido a que la Universidad no aceptaba dar licenciaturas a las mujeres.
Al no ver opciones de futuro intelectual para ella en Inglaterra, decidió emigrar a EE.UU.
Ahí, en Harvard, fue alumna de Ernest Rutherford y de Arthur Eddington. Este último, le propuso estudiar la estructura interna de las estrellas, investigación que se hacía por primera vez.
La joven Cecilia Paine, de 25 años, presentó una espléndida tesis doctoral que fue una auténtica revolución dentro de la astronomía, pues demostraba que el hidrógeno, junto con el helio, eran los elementos principales (99%) que formaban no sólo las estrellas, sino todo el universo.
Destacados astrónomos se opusieron radicalmente a estas conclusiones y durante un par de años siguieron defendiendo la idea de que la composición de las estrellas era parecida a la de la Tierra, es decir, que eran astros rocosos. Estaban equivocados y Cecilia Payne ocupa ahora un puesto entre las astrónomas famosas.

 

 

 

 

 

 

 

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